Sigo igual, pero voy a intentar no dejarme vencer, voy a intentar escribir algo para ver si quiere salir algo de lo que tengo dentro y que me envenena poco a poco hasta consumirme. Voy perdiendo las ganas de todo, las apetencias, tantas y tan variadas antes, ahora han desaparecido. Nada parece llenar el espacio alrededor del que me muevo, ninguna motivación, ninguna expectativa, nada. El vacío más absoluto a mi alrededor y sobretodo en mi interior. Soy como la piel de un odre, henchida y hinchada por fuera pero vacía por dentro, que se ha dejado perder, se ha podrido, y ya huele a tal, solo acumulo el hedor de lo que poco que soy capaz de crear, algo tan etéreo como el gas, pero un gas nauseabundo, que provoca que nadie pueda parar a cierta distancia de mi. Ya no puedo disimular, me cuesta pasar el día a día, me he convertido en un ser indolente, mustio, tan solo resquicios de maldad ocasionalmente traspasan mis pensamientos, ideas diabólicas que afortunadamente no llegan a cuajar, pero que me agrían el día, las noches y la vida en general. Ya empiezo a pasar las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio, pero al contrario de lo que le pasaba a tan genial personaje, no me nutro de sueños, sino de una realidad perversa, dura, atroz que me deja en un estado más propio de los vegetales que de los humanoides.
Pienso en todo, pienso en mi pasado, y cuan más cercano a mi lo veo, más lejano lo presiento. Las imágenes que el otro día vi me han dejado una marca que no desaparece y no sabía yo que estaba tan mal, no presentía una cosa que ya llevaba conmigo. Mi herida es de muerte, mi herida no cicatrizará, de ahí pasará a la sangre y la infección se extenderá como un reguero de pólvora por todo mi cuerpo hasta que yo solo sea un mar de llagas purulentas mientras me desvanezco por un dolor que no podré soportar, entonces vendrá el colapso, y puede que con ello, el descanso y la nada.
La enfermedad avanza pero ahora con la enfermedad del espíritu viene algo más tangible y más corpóreo. Ahora ya sólo puedo sufrir mucho, nada más me queda esta opción.
Pienso en todo, pienso en mi pasado, y cuan más cercano a mi lo veo, más lejano lo presiento. Las imágenes que el otro día vi me han dejado una marca que no desaparece y no sabía yo que estaba tan mal, no presentía una cosa que ya llevaba conmigo. Mi herida es de muerte, mi herida no cicatrizará, de ahí pasará a la sangre y la infección se extenderá como un reguero de pólvora por todo mi cuerpo hasta que yo solo sea un mar de llagas purulentas mientras me desvanezco por un dolor que no podré soportar, entonces vendrá el colapso, y puede que con ello, el descanso y la nada.
La enfermedad avanza pero ahora con la enfermedad del espíritu viene algo más tangible y más corpóreo. Ahora ya sólo puedo sufrir mucho, nada más me queda esta opción.

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