Sigue siendo hoy un día similar al de ayer en muchos aspectos, sin variaciones, sin mutaciones internas, con los dolores intensísimos de siempre, sin esperanzas... pero la enfermedad sigue evolucionando. No veo ningún síntoma, ningún indicio del cambio pero lo intuyo dentro de mi, hay algo que me dice que la cosa va empeorando, como el mundo que se desmorona a mi alrededor. Todo parece derrumbarse a mi alrededor aunque yo preferiría que fuese encima mio, puede que eso significase una tregua, pero no, no hay tregua. Afortunadamente no he de ver a nadie ni he de hablar con nadie, puedo estar refugiado y eso aunque no calma, si que hace que la cosa no suba a mayores cotas de violencia, a mayor desasosiego. Debo cerrarme más de lo que lo he hecho hasta ahora, sobretodo en previsión de lo que se me viene encima, no puedo permitirme ningún lujo, ningún acercamiento al enemigo, ninguna muestra de debilidad. He de mantenerme fuerte ante ciertas decisiones, por dolorosas que puedan ser o parecer, algo más que mi propia vida está en juego, algo más im

portante que una vida absurda y patética. Puede que ya quede poco, a pesar de que eso sea relativo, pero puede que no quede tan poco como yo imagino, puede que sea el principio del fin (que en las narraciones de aventuras queda tan bien, pero que aplicado a una vida triste no tanto), y ante la imposibilidad de no saber nunca lo que queda, mejor tomar precauciones, estar prevenido, prevenido para lo peor.
Nunca he sido previsor, en nada y con nadie, he actuado más o menos con una "sana" inconsciencia pensando que la vida era otra cosa, haciendo lo que creía en otro tiempo que era lo que debía hacer ya que quería y no parecía haber nada malo en las cosas ni en las personas... pero ese tiempo acabó ya por fin. Ya no habrá más actuación, ya no habrá más buenas palabras y actos, ya no habrá cordialidad, ya no habrá sentimiento, sólo quedará frío cálculo y desdén si es que se produce cierto tipo de contacto. Ha de empezar otra época, igualmente dolorosa, pero ahora pretendo que el dolor se contagie por allá donde voy. Ya que yo no puedo prescindir de él, hagámos de él una enseña. Ya no tengo a nadie en mi vida, los he ido alejando o se han alejado ellos de mi, ahora empieza una etapa de libertad, una libertad peligrosa pero también poderosa, sin paliativos, sin normas que cumplir, una libertad real al no tener semejantes al rededor. En los libros de ética siempre se habla de estos temas, cansinamente, y se hace incidencia en que la libertad del individuo radica en los otros, que para ser nosotros necesitamos a los otros, etc, etc. Ya me he librado de "los otros" y ahora solo queda el yo, el ego, y nada más, he erradicado de mi vida cualquier otra voluntad humana que no sea la misma (aunque albergo mis dudas de que yo pueda seguir considerándome humano, y no por mi decisión de haber acabado con el resto de la gente), sólo yo y mi circunstancia. Ahora el dolor guiará mis actos y mis actos no me llevarán a ninguna parte, no como hasta ahora que me llevaban a territorios hostiles y equivocados. Ahora ya no habrá error de ningún tipo por mi parte, sólo acción-reacción, y todo ello dictado por ese atisbo de sentimiento que tengo dentro, que es dolor conspicuo, vacío intenso y ganas de acabar con la farsa, la farsa de la vida social. Ya solo me queda ser un superviviente, sobrevivir más que vivir. He renunciado a la vida, la enfermedad me ha ayudado a dejar de ser el individuo patético que era, ahora seré muchas cosas, todas ellas seguramente malas o peores, pero ya nunca se podrá tachar de patética mi existencia como hasta ahora, ya nadie se reirá de mi, ahora no, van a aprender a temerme de una manera que no se imaginan. Si alguien se acerca se arrepentirá de acercarse a un enfermo terminal.
Un día cualquiera, en una ciudad cualquiera os podéis encontrar con alguien que no quiere un mundo como en el que vosotros circuláis. Alguien que renuncia a lo que vosotros llamáis privilegio, alguien que renuncia a vivir en el estricto sentido de la palabra. Vida no es existencia, vida no es la que llevo, por eso me es tan fácil renunciar a algo que no tengo, y que sobretodo, ya no la quiero, la desprecio.