Estos días en que la violencia se hace cotidiana, en que la violencia se torna habitual, en que la violencia me sigue y me persigue en una auténtica bacanal de sangre y vísceras, mi agresividad sube enteros, mis ganas de reventar a alguien a golpes se hace más y más urgente, por eso debo quedarme en la sombra, en mi reclusión, en mi encierro voluntario, para evitar males mayores. La agresividad que estoy viviendo y sintiendo en estos días, no es sólo ficticia, de hecho, la ficticia no me provoca gran cosa, puede que hilaridad y poco más. Es la violencia que está en el ambiente, que capto en la gente que me rodea, la gente que veo a mi alrededor la que me provoca estas ganas tremendas de ejercer una sesión de violencia gratuita hacia ellos, hacia mi entorno. Y quizás algunos que no se sitúan en mi entorno, que no están a mi alcance más próximo, pero que se han hecho acreedoras de mi venganza, de mi violencia sin límite, de mis ganas de ajustar cuentas. Soy una persona peligrosa ahora mismo, porque lo que me mueve no es pasional, porque no hay remordimiento posible, porque me da todo igual, eso me hace impredecible y libre de hacer y deshacer a mi antojo, sin ningún tipo de condicionamiento. Hay que tomar las calles y aplicar esta violencia contra todo ese tipo de gentuza de la que voy huyendo y ahora pretendo buscar para devolverles ese sentimiento.
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