divendres, 4 de desembre del 2009

Día 27: Run to the hills

Tenemos un problema y sí estoy hablando en plural. Hablo en plural porque ya incluyo cuando hablo de mí, a la enfermedad, y los dos tenemos un problema, sea cual sea la solución del problema incluye la desaparición de alguno de los dos o de los dos, por lo tanto no lo puedo desvincular de mí mismo. El problema lo tengo yo, pero arrastro a mi enfermedad conmigo y he decidido intentar huir, huir hacia las colinas (metafóricas o no, no se trata de dar muchos datos). Huyo de mi enclaustramiento, o mejor dicho, sustituyo mi enclaustramiento por otro escenario, pero los dos escenarios me resultan prisiones, una con los barrotes más alejados que la otra, pero prisiones al fin y al cabo. Voy a hacer un experimento, voy a intentar realizar una prueba sobre la evolución de mi enfermedad y necesito un escenario nuevo, sin referencias, sin cosas que puedan llevarme a una presencia onírica no deseada que me altere y desvirtúe el resultado.
Huir, huir hacia las colinas, refugiarme en ellas, esconderme, mimetizarme, confundirme con ellas, volverme un salvaje por unas horas, no en el sentido que me he vuelto un salvaje en la civilización, sino un salvaje que se retira e intenta subsistir en un entorno salvaje pero no hostil, sin hostilidad y sin amabilidad hipócrita paternalista y malintencionada, salvajismo atávico, soledad como compañera y no como alternativa. Me voy corriendo, me voy a galope tendido, escapo y llevo conmigo mi enfermedad y no sé como reaccionará ella ante tanto cambio, ante un entorno diferente. Fire, walk with my

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