Hoy es de esos días en que sangro por todas partes, todo mi cuerpo sangra, mis poros, mis ojos, mi nariz, mi boca, todo mi yo sangra, todo yo soy una hemorragia, una bacanal de hemoglobina, un derroche de rojo intenso por todo lo que yo soy. Pero lo que mas sangra no se ve, es algo intangible, que no se ve, pero que poco a poco ha ido perdiend
o sangre hasta llegar al estado máximo. Todo mi yo va perdiendo todo aquello que te mantiene apegado al mundo. Me voy desangrando poco a poco, hasta quedarme sin una gota, vacío de todo aquello que te da la fuerza para continuar. Sin sangre, el cuerpo se para, la mente se abotarga, el crecimiento se detiene, el tiempo también. Poco a poco, con este vaciado de mi cuerpo, se va aligerando su carga, cada vez queda menos de mi mismo y todo será más fácil. Dicen que el desangramiento es una muerte dulce pero no es cierto, es muy doloroso. Desprenderse de la sangre, de la propia sangre es muy, muy, muy, pero que muy doloroso, tanto que no puede serlo más, o al menos no lo imagino. Una vez quise tanto que dolía, ahora, ya sin nada de ese amor, sin nada de estímulo vital, sólo con algunas pocas gotas de sangre dentro de mi, el dolor se ha multiplicado exponencialmente y la sangre ya no para de salir, sin coagularse, sin detener la hemorragia.
Ahora ya solo queda extinguirme, como la luz de un planeta, más allá de la puerta de Tanhauser, con sus rayos C, sin haber brillado con luz propia ni brillante, pero ahora llega ya mi momento. La enfermedad gana, día a día, sin pausa, sin desfallecimiento.
o sangre hasta llegar al estado máximo. Todo mi yo va perdiendo todo aquello que te mantiene apegado al mundo. Me voy desangrando poco a poco, hasta quedarme sin una gota, vacío de todo aquello que te da la fuerza para continuar. Sin sangre, el cuerpo se para, la mente se abotarga, el crecimiento se detiene, el tiempo también. Poco a poco, con este vaciado de mi cuerpo, se va aligerando su carga, cada vez queda menos de mi mismo y todo será más fácil. Dicen que el desangramiento es una muerte dulce pero no es cierto, es muy doloroso. Desprenderse de la sangre, de la propia sangre es muy, muy, muy, pero que muy doloroso, tanto que no puede serlo más, o al menos no lo imagino. Una vez quise tanto que dolía, ahora, ya sin nada de ese amor, sin nada de estímulo vital, sólo con algunas pocas gotas de sangre dentro de mi, el dolor se ha multiplicado exponencialmente y la sangre ya no para de salir, sin coagularse, sin detener la hemorragia.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada