Parece que los días se van tornando cada vez más en algo más que días. Parece que sus horas son más largas, que son más de 24, que tardan en pasar, que los minutos no corren, se arrastran poco a poco, como si el tiempo fuera tan blando como los relojes de Dalí. La noche de paz parece tornarse en amenaza de guerra, una guerra cruel y despiadada, como todas, pero que acabará con uno de los dos bandos, con la salvedad que yo estoy en los dos, yo soy los dos bandos, si pierdo una de mis dos facetas/bandos, pierdo mi esencia.
Tengo unos pensamientos especialmente hoy que no puedo reprimir y debo hacerlo pues sus consecuencias pueden ser fatales de necesidad. Pensamientos que trascienden mi conocimiento, que imaginan cosas, que me acercan peligrosamente a una circunstancia de la que debo huir por necesidad, no por placer. Mi naturaleza me empuja hacia esa idea, pero estoy atado de pies y manos y debo huir hacia el lado contrario, debo hacer todo lo que no quiero hacer. Cuando no puedes hacer lo que quieres, lo que estás preparado para hacer, la soledad es todavía más cruel, más hostil, más dura de soportar. El aislamiento más que necesario no deja de ser cada vez más duro. El tiempo no deja de molestarme, quiero que pase rapidamente hasta que ya no exista mi tiempo, hasta que se haya acabado mi tiempo. Mi tiempo no es bien recibido ya, hace ya tiempo, pero ahora es más que odioso, el tiempo esta en mi contra porque lo desprecio, por su crueldad, por su afán por torturarme... no el tiempo en si, la tortura viene por mi parte, no por el tiempo que pasa fugazmente (uno de los más típicos traumas humanos) en mi caso, mi desgracia, mi dolor viene dado porque el tiempo no hace más que frenarse, cuando yo quisiera que fuese a toda velocidad.
Quisiera gritar y decir ciertas cosas, pero no puedo, ni tiene sentido encerrado como estoy, gritar a estos muros que me protegen y me encierran, gritar no me ayudará y me hará sentir peor seguramente, lo mejor es dormir y esperar que llegue la hora de ajustar cuentas con el tiempo, ese juez implacable que me ha hecho desgraciado (al menos eso me dijeron), que me ha hecho infeliz, que me ha dejado como estoy, más allá de la enfermedad, más allá de la sociedad, más allá del mundo. Fui rechazado de este mundo por culpa del tiempo, y el tiempo ahora no me ayuda para nada, soy su esclavo (como todos) pero con torturas. Esclavizado, torturado y vencido por el tiempo, pero no de una manera usual, de una manera extraña, como jamás imaginé, pero eso puede que sea por mi falta de imaginación, mi falta de talento, mi falta de luces.
Tengo unos pensamientos especialmente hoy que no puedo reprimir y debo hacerlo pues sus consecuencias pueden ser fatales de necesidad. Pensamientos que trascienden mi conocimiento, que imaginan cosas, que me acercan peligrosamente a una circunstancia de la que debo huir por necesidad, no por placer. Mi naturaleza me empuja hacia esa idea, pero estoy atado de pies y manos y debo huir hacia el lado contrario, debo hacer todo lo que no quiero hacer. Cuando no puedes hacer lo que quieres, lo que estás preparado para hacer, la soledad es todavía más cruel, más hostil, más dura de soportar. El aislamiento más que necesario no deja de ser cada vez más duro. El tiempo no deja de molestarme, quiero que pase rapidamente hasta que ya no exista mi tiempo, hasta que se haya acabado mi tiempo. Mi tiempo no es bien recibido ya, hace ya tiempo, pero ahora es más que odioso, el tiempo esta en mi contra porque lo desprecio, por su crueldad, por su afán por torturarme... no el tiempo en si, la tortura viene por mi parte, no por el tiempo que pasa fugazmente (uno de los más típicos traumas humanos) en mi caso, mi desgracia, mi dolor viene dado porque el tiempo no hace más que frenarse, cuando yo quisiera que fuese a toda velocidad.
Quisiera gritar y decir ciertas cosas, pero no puedo, ni tiene sentido encerrado como estoy, gritar a estos muros que me protegen y me encierran, gritar no me ayudará y me hará sentir peor seguramente, lo mejor es dormir y esperar que llegue la hora de ajustar cuentas con el tiempo, ese juez implacable que me ha hecho desgraciado (al menos eso me dijeron), que me ha hecho infeliz, que me ha dejado como estoy, más allá de la enfermedad, más allá de la sociedad, más allá del mundo. Fui rechazado de este mundo por culpa del tiempo, y el tiempo ahora no me ayuda para nada, soy su esclavo (como todos) pero con torturas. Esclavizado, torturado y vencido por el tiempo, pero no de una manera usual, de una manera extraña, como jamás imaginé, pero eso puede que sea por mi falta de imaginación, mi falta de talento, mi falta de luces.

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