Parece ser que mi cuerpo no me da tregua, inventa cosas para mantenerme distraído, pero no lo consigue por desgracia, pero el es insistente y parece que tiene cierta persistencia en mantenerme alejado de mis propios pensamientos lo que desconoce mi cuerpo es que por muy persistente que él se muestre, mi mente lo es mucha más, tan pertinaz como la sequía de tiempos inmemoriales, tan pertinaz como lo es en la actualidad, una sequía tremebunda, que ha secado gran parte de mi mismo, seguramente con carácter permanente. Ya no será posible la aparición de brotes verdes en mi, ya nada florecerá, me he convertido en un erial en muchos aspectos, y ante eso, por muchas distracciones que genere mi cuerpo (se podría generar otras cosas el muy cabrón), no hay nada que hacer, ganará siempre. De todas formas, gane quien gane, pierdo yo, siempre pierdo yo. Ya perdí hace un tiempo algo más valioso de lo que ahora puedo perder, por tanto, ahora ya no voy a lamentar nada.
Afortunadamente parece que hace algo de frío, y esto me protege un poco el carácter, pero la verdad es que relativamente poco, aunque se agradece salir a la calle y que el frío y la lluvia me abofeteen las mejillas mientras me doy mis interminables paseos esperando que llegue el fin deseado. Caminar y más caminar, gastar el calzado, gastar las pieles de los pies, gastar la paciencia, pero al menos el frío me hace sentir algo agradable, mucho mejor que no el helor de la soledad que ya no acompaña, que simplemente me envuelve y de que el otro día escribía. Sólo el hecho de que la música empañe los sonidos que emergen de la ciudad en la que me intento diluir, hace que no haga ninguna cosa extraña en estos viajes míos al inconsciente colectivo al que quiero integrarme aunque sea virtualmente.
Frío, cavalga conmigo.
Afortunadamente parece que hace algo de frío, y esto me protege un poco el carácter, pero la verdad es que relativamente poco, aunque se agradece salir a la calle y que el frío y la lluvia me abofeteen las mejillas mientras me doy mis interminables paseos esperando que llegue el fin deseado. Caminar y más caminar, gastar el calzado, gastar las pieles de los pies, gastar la paciencia, pero al menos el frío me hace sentir algo agradable, mucho mejor que no el helor de la soledad que ya no acompaña, que simplemente me envuelve y de que el otro día escribía. Sólo el hecho de que la música empañe los sonidos que emergen de la ciudad en la que me intento diluir, hace que no haga ninguna cosa extraña en estos viajes míos al inconsciente colectivo al que quiero integrarme aunque sea virtualmente.
Frío, cavalga conmigo.

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