dimarts, 9 de febrer del 2010

Día 94: mundos paralelos

Espero y espero pero el día no llega nunca, mi liberación parece que se hace esperar, puede que no llegue de momento, y eso me exaspera. Quiero dejar de estar así. Ya no esperar más, ya no dejar de mirar siempre de soslayo al futuro, mirarlo fijamente sabiendo que de inmediato se hará realidad lo que espero que me libere de mi gran peso, de mi enfermedad y de mi mismo. He cambiado, he cambiado mucho en poco tiempo, ya no me reconozco, ya no soy yo, la enfermedad me ha transformado sin haberme eliminado los recuerdos, sin haber olvidado ni un solo segundo. Yo no soy yo, mis actos, mis reacciones, mis pensamientos son tan diferentes que ni me reconozco. El espejo no me dice nada porque no me miro en ellos, y lo que es peor, si accidentalmente estoy delante de uno de ellos no los percibo como un espejo, sino como una realidad paralela similar a la que yo ocupo, pero es otro el que ocupa mi lugar. Otro que vive mi vida pero que el dolor lo siento yo, sus errores, sus malos pasos, sus pésimas decisiones, su soledad, son las mías multiplicadas, por lo que el dolor se acrecienta. Mierda.

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