diumenge, 7 de març del 2010

Día 119: tiempo

Los pensamientos obsesivos deben sacarse de la cabeza, una estupidez como esta la sabe cualquiera, pero precisamente por el carácter obsesivo de esos pensamientos no pueden desterrarse de la mente, te persiguen, sigilosos, a lo largo de todo el día, hagas lo que hagas, si puede haber un momento de relax, te los encuentras ahí al menor intento de dejar la mente en blanco. Si a ese pensamiento obsesivo se le añade un dolor relacionado con ello, ese pensamiento no hay manera humana de sacarlo de la mente. El dolor te lo recuerda, y el recuerdo duele más y más, y la dinámica cae en una espiral interminable que no tiene final. Esa es mi vida de los últimos tres años más o menos, pero va siendo cada vez más difícil y más doloroso para mi, y no puedo evitarlo y ya he intentado todo lo que la mente puede utilizar. El tiempo todo lo cura, pero a mi el tiempo me pasa factura, no solo no deja de dolerme sino que el tiempo ha sido un factor decisivo en todo, desde el desencadenante hasta la enfermedad.
Tengo el presentimiento de que la cosa llegará a afectarme de tal manera que no podré soportar ciertos recuerdos, ni ahora ni nunca y voy a investigar para ver si hay alguna manera de poder desterrarlos de mi memoria, recuerdos de mi mismo sobretodo, no quiero recordarme así como estoy, vencido y derrotado, si me recuerdo quiero hacerlo como el cabrón hijoputa que siempre he sido, como el tío duro incapaz de querer, incapaz de sentir, aquel capaz de racionalizar todo tipo de situaciones, aquella persona autónoma e independiente y no en la mierda que me he convertido, todo eso ha de desaparecer. Ahora estoy encerrado, y lo seguiré estando, sin nadie a mi alrededor, sin nadie que me pueda turbar mi plan maestro de independencia y autonomía. Es una batalla perdida, lo sé, pero quiero desaparecer librándola con mi característica principal intacta, aunque ya no lo tengo intacto, está muy maltrecho, como todo yo.

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