divendres, 7 de maig del 2010

Día 180: la nada

Puede que enfrentarse a uno mismo sea algo perverso, hagas lo que hagas pierdes. Puedes incluso hacer trampa, pero al final sólo es posible un resultado, tu derrota. No hay alegría en esa vicisitud, unicamente la amargura de que aunque hayas ganado, la derrota es doble. No hay ninguna gloria en la derrota, no hay ninguna épica, sobretodo si lo sabes de antemano, sólo hay dolor y desolación, impotencia, rabia y deseo de que todo acabe cuanto antes. No tiene sentido la lucha, pero tampoco puedes dejar de luchar por algún oscuro atisbo de dignidad que ahora apenas cuenta para ti.
Como veis, ya ni siquiera puedo escribir cada día como prometí en un principio. No es una cuestión de falta de tiempo, más bien al contrario, tiempo es lo que me sobra. Simplemente no puedo escribir, mi cabeza se bloquea, mi cuerpo no me sigue y si soy capaz de ponerme ante la página, no puedo poner mis dedos sobre el teclado, no me siento fuerte, la enfermedad me bloquea, la enfermedad me deja sin posibilidad de nada, tal como en mi batalla, todo me lleva a la nada.

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