dimecres, 16 de juny del 2010

Día 220: Cabezón

Cómo puede observarse, mis intuiciones de ayer no se han cumplido, a no ser que nos acojamos a teorías como las de Derrida o Deleuze sobre el sujeto y la identidad, pero tranquilos, no pretendo ponerme a dar lecciones de filosofía, no podría dar lecciones a nadie ni explicar nada que tuviera sentido en algo tan complejo como la filosofía. ¡Si apenas puedo explicar las cosas más básicas!
Bueno, pese a mis intuiciones, prosigo, ayer no fue el último día, no fue mi despedida así que me veo en la penosa obligación de dar malas noticias a los hipotéticos lectores, sigo aquí, detrás de mi teclado intentando hacer esta crónica de mi enfermedad, dando explicaciones de mi evolución, o eso pretendía pero ahora no tengo muy claro que esté haciendo eso, más bien parece una crónica de alguien que ha dejado de ser humano, alguien que ha dejado de pertenecer a su propia especie. Puede que parezca que tengo la necesidad de explicar todo esto ya que mi contacto con el mundo real se ha ido diluyendo poco a poco, pero tampoco es eso, más que necesidad es una inercia la cual acometo más por cabezonería que por interés, ningún interés por escribir, por narrar, por explicar. Ya se lo que merecería como contestación tal comentario, si no hay interés ni por tu parte ni por los que podrían ser los receptores, ¿para que seguir agonizando públicamente? Ya lo he dicho, seguramente por cabezonería, una constante en mi vida. Incapaz de casi todo, en ocasiones soy capaz de llegar hasta el final con aventuras que no tienen ni futuro ni interés para nadie, pero yo las concibo como otra cosa, y no interés precisamente, y soy capaz de llegar a extremos difíciles de comprender, por un principio que incluso yo mismo desconozco en ocasiones. Puede que la inutilidad de la acción me sumerja en este estado catártico que creo alcanzar en estas situaciones, como lágrimas bajo la lluvia que diría el poeta cinéfilo.
Hoy no tengo nuevas sensaciones, y las de ayer se confunden con las de mañana, no se si será hoy el día de mi adiós, pero si se que hoy, en tanto que yo consciente, seré diferente de mi yo consciente de mañana, hoy me despido otra vez pero a la vez es la primera vez que me despido de vosotros, y mi adiós no es lánguido, es simplemente la certeza de la finitud la que me lo dicta.

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