dilluns, 21 de juny del 2010

Día 225: inerte

Dentro de lo que son las vicisitudes que aquí narro, hay una cosa que celebro este año, y es la temperatura. Si algo me saca de quicio es el calor y con mi enfermedad todavía más porque me lleva a la inacción, a la indolencia que ya de por sí se sumaria a un estado que yo considero de "inerte". No se si se trata de una invención, pero ahora mismo, en mi estado civil lo que sería más apropiado para ponerme, a modo de epitafio existencial, sería este, el de inerte.
El hecho de que en lo que llevamos de primavera, por mucho que se hable del cambio climático, apenas hemos experimentado el calor, me ha permitido vivir unos días más, con la sensación de que soy un ser vivo y no un churretón de grasa que se derrite poco a poco. Amo el frío, el frío intenso y con las condiciones atmosféricas más adversas y en cambio odio el sol, el calor, la claridad... La enfermedad aunque prosigue, parece más aliviada mientras que la climatología me permite hacer algún tipo de cosa (aunque después no la haga) que el calor me lo impediría. Puedo sentirme higiénicamente hablando, más limpio y puro, y no en un estado sucio y macilento debido al calor. Por desgracia se que tarde o temprano empezará ese estado, y con él una parte de mi se consumirá a más velocidad de lo que ya lo hace. El calor hace a la gente más agresiva, y yo ya estoy en unos niveles insoportables como para todavía serlo más, no quiero convertirme en un peligro público, más de lo que ya lo pueda ser.

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