dissabte, 25 de setembre del 2010

Día 321: traición

Mirando todo desde arriba, ese ha sido todo lo que he hecho hoy. No hablo sólo metafóricamente, arriba de la montaña, sentado ceñudo en el suelo, con la mirada perdida, escrutando, horas y horas mientras el sol y la niebla se iba alternando ante mi para darme tregua en mi profundidad de campo. Ese era yo, al menos lo que un observador podría corroborar, pero mi mente estaba muy lejos, muy muy lejos, mucho más arriba que yo, tan arriba que incluso el tiempo estaba bajo su perspectiva. Miraba el tiempo, miraba la perspectiva, miraba lo que fue, lo que es y lo que no será, porque ya he escrito muchas veces aquí mismo que no hay futuro para mi, y sinceramente, tal como están las cosas, no quiero ningún futuro de ningún tipo.
He visto, he mirado, no sólo esta tierra como dice Raimón (He mirat aquesta terra) sino este tiempo con perspectiva, no desde el recuerdo sino desde la altura que hace tener una visión global. Todavía quisiera saber en qué me equivoqué, porqué todavía ni tan siquiera tengo claro que me equivocara. Creo que he sido traicionado, pero de una manera que no puedo ser rencoroso porqué al fin y al cabo la culpa es mía, de la traición no, pero si de no tener en cuenta que la gente no puede ser como yo, que la gente no puede sentir como yo, que nada ni nadie es como yo porqué no existe esto más que en las novelas. La culpa es mía por no existir como debí ser concebido, por haber renunciado a una vida normal, por ser idealista, no al uso de los biopics, sino de una manera absurda. La culpa es mía por no aceptar mis limitaciones, por no ser de otra manera, por no dejar de luchar por algo que debería haber dejado hace milenios, por ser idiota hasta la saciedad. Traicionado si, pero sin poder odiar a quien me traicionó porque no tiene la culpa de nada, la culpa sólo es mía. ¿Puedes odiar a alguien por no sentir lo mismo que tú? Imposible, sobretodo si eres alguien tan extraño, por estar muerto sin saberlo.
Y lo peor de todo, la cosa no cambia ni parece poder cambiar pues sigo siendo imbécil.

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