dimarts, 1 de desembre del 2009

Día 24: olvido

Cuando pienso en como juegan las personas con otras personas me resulta difícil creerlo. Sobretodo porque escuchando a la gente, si te lo llegases a creer, pudieras caer en la tentación de pensar que la gente aborrece jugar con las personas, y creo desde mi postura, que a la gente le encanta jugar con las personas, sentirse poderosa, pero niegan una y otra vez esa manera de hacer, se niegan a si mismos. Puede que yo también jugase con la gente, con las personas, pero ya no lo volveré a hacer. Nunca me ha gustado sentir poder de ningún tipo sobre nadie, ni siquiera saberme influyente sobre nadie, es demasiada responsabilidad para un paria, ahora un paria enfermo, ahora ya no quiero ni siquiera influir levemente, ni tener la suficiente intimidad como para poder ejercer ni tan siquiera la influencia que una mirada furtiva puede tener sobre un gesto. Ahora con el aislamiento y el olvido al que someteré a mi entorno conseguiré un estado de aislamiento que permita todo eso y mucho más, hasta llegar a estar diluido socialmente, de una manera que no podía ni imaginar hace unos meses. Solo me hará falta un "milagro" para olvidarme de mi mismo, pero creo que eso no voy a poder conseguirlo por mi mismo si una enfermedad, un traumatismo o alguna desgracia por el estilo no lo hace. Pese a mi mala memoria, esta no es tan mala como para llegar a ello, ni siquiera a mí me está permitida esa gracia. Seria maravilloso despertarme un día y ver que mi vida entera ha desaparecido, no recuerdo nada de nada ni a nadie, ni siquiera alguna de las funciones más básicas, renacer. Se que estoy diciendo una abominación porque hay gente que ha pasado por ello y no debe ser nada agradable, pero cuando el dolor aprieta, cualquier desgracia de este tipo me parece preferible a sentir lo que siento.
Soy cobarde, no quiero sentir dolor y hace tiempo que es lo único que quiero es dejar de sentirlo, pero con la enfermedad sólo me queda esta alternativa. La enfermedad me ha cambiado, me ha hecho más despiadado y duro, o puede que no, que me vuelva más y más blando. La coraza, la careta ha desaparecido y lo que ha dejado ver no es más que ...

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