dilluns, 4 de gener del 2010

Día 58: indiscernible

Puede que si revisase ahora lo escrito hasta ahora, a parte de horrorizarme, más allá de haber conseguido los objetivos, puede que notase cierto desconcierto al mezclar la enfermedad con otros dolores, otros traumas, otras heridas que me acechan, han acechado o acecharan en el futuro. No quiero mezclar cosas, la enfermedad es la enfermedad y no tiene relación con nada de lo que en un pasado me ha sucedido. Evidentemente en la actualidad la enfermedad hace que mis viejos achaques sean más duros, pero no es la causa de ellos. Mi enfermedad no es más que la causa de si misma, el resto, no tiene nada que ver, el problema, o el hecho de que en ocasiones se puedan mezclar las cosas es que tanto la enfermedad como otras cosas causan dolor, y aunque son tipos de dolor muy diferentes, el dolor se mezcla, sobretodo el cansancio psicológico de tener que soportar dolores día tras día, sin tregua, sin esperanza, donde el dolor se junta con dolor y ya no se puede discernir si duele una cosa y otra, al final es dolor y lo único que quieres es que pare, que deje de doler, de la manera que sea, al precio que sea, un momento de paz, un momento de no sufrimiento, el nirvana. Importa poco en esos momentos que el dolor sea espiritual o corporal, que venga de un lado o de otro, quieres que pare, que deje de doler ni siquiera un momento para poder pensar, para poder vivir, la tenacidad del dolor lo hace insoportable, tanto por fuerte como por persistencia.
Podría ponerme poético y decir que me duele el alma, pero no lo haré, estoy lleno de odio, de maldad y mi cuerpo emponzoñado me impide hacer otra cosa más que odiar, he eliminado de mi la capacidad de amar, ni siquiera a mi mismo, de ahí mi desprecio, si puedo despreciarme a mi mismo de la manera que lo hago, imagínense al resto de la humanidad, con la que ya no comparto nada.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada