diumenge, 22 d’agost del 2010

Día 287: el retorno

Pensaba que no volvería a mi tarea, ardua, de torturar al ordenador con estos relatos, pero me he visto obligado dadas las circunstancias. Las circunstancias son un cerebro desolado y una vida triste, que me impelen a escribir y escribir sobre mi enfermedad, sobre mi dolor, sobre cosas que no importan a nadie pero que no puedo evitar ver publicadas bajo seudónimo.
Este tiempo de ausencia ha sido duro, ha habido momentos tremendamente duros pero también ha tenido alguno mágico, impensable y tan agradable como difícil. La huida no ha tenido éxito, la enfermedad sigue persiguiéndome implacable y malévola, sin dejarme, sin aplacarse su dolor, sin ausentarse ni en las apenas 7 horas que duró lo único capaz de pararla. Llevo tiempo alejado de todo y todos, fuera del tiempo y del espacio, alejado como me pidieron, pero dispuesto a todo con un solo fin.
Pretendo volver, pero puede que sólo sea hoy que lo pretendo y mañana me desdiga. Ha sido un tiempo de poca reflexión y mucho dolor, un dolor desgarrador que no me abandona y que se ha convertido en mi modus vivendi. Poco a poco noto como la enfermedad me intenta quebrar y deshacer pero yo pretendo aguantar todavía un poco más antes de llegar a la solución definitiva, para esa todavía tengo un margen antes de que llegue el momento.

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